domingo, 12 de diciembre de 2010

Cotillones y costumbres

En los últimos días veo mi facebook bombardeado por invitaciones a eventos de fiestas de Nochevieja de distintos bares de copas de las distintas capitales de provincias que frecuento. Con el paso de los años, y también, por qué no, con el pasotismo y conformismo adquiridos gracias al mismo, uno se ha hecho un animal de costumbres. 
Cada pub ofrece más o menos lo mismo, un precio similar por entrar, el cotillón que acabará adornando el suelo del local sumergido en un petroleado lodo negro, una barra "libre" más o menos amplia, que suele ir en relación directa y proporcional con el montante de la entrada, camareras y camareros bonitas y bonitos (me perdone la RAE por el desdoblamiento, que no es para aplacar "feministras", sino porque procede la diferenciación a gusto del consumidor), decoración navideña, vestidos despampanantes de ellas -que hacen más representativas, si cabe, la minoría de auténticas horteradas que también se ven-, y trajes de ellos que a los que nos lo ponemos todos los días nos arrancan una sonrisa (nudos de corbata a lo nudo marinero, tallas desproporcionadas y combinaciones imposibles, pero es parte de la magia del día, el sentirse bien es lo que cuenta) y la música que vaya con el local. 
Pues sintiéndolo mucho, ese no es un plan para mi. Lo de pagar un precio fijo por entrar en un local concreto, atestado de gente, como marcan los cánones de la maximización del beneficio empresarial, gente a la que normalmente no conoces, y que vas a estar viendo -y soportando- toda la noche, no me atrae en lo más mínimo. 
Prefiero hacer lo que he hecho los últimos años, quedarme en mi pueblo, con mi pareja y amigos de siempre, y celebrarlo bar por bar, recibiendo las felicitaciones de gente que llevo viendo fin de semana sí, fin de semana no, o de otra que hace como poco un año que no veo. Son felicitaciones de verdad, de esas que más que feliz año, transmiten un 'me alegro de verte otra vez', y no las vacías fórmulas propias del ritual social que en esa semana emite todo quisque, aunque por dentro esté deseando que te vuelva a sangrar hasta la última úlcera. Para los que vivimos fuera del pueblo, esto siempre es una satisfacción, no el que le sangren a nadie las úlceras, sino el volver a reencontrarte, aunque sólo sea por una noche, con la persona que eras allí, y que procuras no dejar de ser en otras partes. Prefiero ir de bar en bar, charlando con unos y con otros, poniéndome al día de sus vidas, que no ponerme ciego con la barra libre de un pub elevado a 'club privado' por un día, en el que la saturación de gente, unida a los pocos conocimientos de ventilación que poseo, y que me dicen que el caudal de aire renovado va a ser escaso para todas las almas 'respirantes/fumantes', harán que no tenga nada que envidiar su atmósfera al letal 'smog' londinense. Sin hablar de que hay que ir y volver, y no es una noche para tentar a la carretera (los imbéciles que cogen el coche mamados se elevan a la quinta potencia, sin contar con que es una noche con un clima muy particular en la Montaña leonesa). 
Champán, puro y unas copas en el garaje de un amigo, con el resto de la cuadrilla, tour por todos los bares de la localidad, unas copas, muchas risas, y  a estrenar un nuevo año como deberían estrenarse todos los años, rodeado de la gente a la que más aprecio tengo (salvando importantes ausencias, por supuesto, que lo celebrarán donde les corresponde, y otros a los que se echará más de menos, allá donde estén, pero seguro en nuestro recuerdo), pasándolo en grande, sin necesidad del esnobismo que dé el ir a tal o cual local de la capital, en el que seguramente se den todos los ingredientes habidos y por haber para conseguir entrar en el nuevo año con el pie izquierdo por delante. Frente a esto, el mayor contratiempo que me causa la Nochevieja en mi pueblo es el tener que llevarme el traje que me ponga a la tintorería el primer día hábil del nuevo año, no sin una sonrisa recordando quién y cómo te lo han manchado.
Hay ocasiones en las que da gusto ser de pueblo, y esta es una de ellas. Hagan lo que hagan y donde y con quien lo hagan, que ustedes lo pasen en grande.  

sábado, 11 de diciembre de 2010

Ya es navidad en el Corte Inglés

En épocas navideñas que se están acercando, salvo en el Corte Inglés, lugar en que la navidad comienza en noviembre, tengo otra de mis extrañas manías, cual es prestarle más atención a los anuncios publicitarios de la tele. Mi conclusión tras un exhaustivo análisis de unos diez minutos es que o los publicistas están en horas bajas, con menos imaginación que Ana Rosa Quintana enfrentándose a un folio en blanco, o la crisis le ha llegado también a la publicidad.
Echa uno de menos al calvo de la lotería -aunque el de la lotería sea uno de los pocos anuncios que se salva-, a los anuncios de turrón que, pese a repetirse navidad tras navidad, te pegaban la cancioncilla de marras, e ibas a currar por las mañanas tarareándola, cuando ahora lo que intentas es sacar de tu cerebro la repelente canción del anuncio de las magdalenas de la Bella Easo. Los anuncios de perfume femenino siempre han sido mis favoritos -para cualquiera es presumible el motivo- pero este año sólo han pasado los castings jovencitas muy guapas de cara pero más planas que la de Castellón, muy fashions y chic, pero más delgadas que un somalí en huelga de hambre. Tienen pinta hasta de estar enfermas. No digo que volvamos a la voluptuosidad de la señorita que buscaba a Jack's utilizando un extraño método detectivesco, pero muy efectivo cuando lo que buscas es un hombre, como era bajarse la cremallera de su abrigo pulmonar, pero una cosa intermedia no estaría mal. En los perfumes de hombre ni se han molestado en cambiar nada, con repetir los del año pasado les vale (total, nos vamos a comprar el que le guste a la jefa de turno). De Ágata Ruiz de la Prada no esperaba menos, el anuncio de su perfume me produce el mismo efecto que ver cualquiera de sus diseños o las corbatas de su marido Pedro J., desear desesperadamente arrojarme desde el balcón.
Los anuncios de juguetes, pese a las fechas, son más escasos que el sentido común en una reunión de políticos, eso sí, han sido sustituidos por los de consolas, poniendo a unos críos frikis frente a la cámara jugando como posesos a la nintendo (no se si ahora es DS, la Wii, o la puta que engendró a ambas), que apenas saben hablar pero tienen pinta de pasar en dos minutos los diez primeros niveles de cualquier videojuego (así alguno llega a la vida laboral pensando que se asciende de la misma manera, risas mil me guardo). Los niños que anuncian consolas, como es lógico, lucen unos enormes paletos, intactos, porque jamás han salido a la calle a rompérselos contra el bordillo de la acera, como hicimos todo hijo de buen vecino -y los hijos de puta también-, son aquellos que no han visto el sol, los elegidos para vivir entre algodones e ignorancia. Con tanta consola que anuncian, la Play Station 3, que ahora le da por montarnos el Fama a bailar en el salón de casa, con el consiguiente perjuicio para el resto de moradores de la propiedad horizontal,  la PSP, la Xbox, la Nintendo DS (con la que hasta puedes aprender inglés mientras juegas feliz como una lombriz, lo que acabará de seguro con generaciones enteras de profes de inglés y filólogos), la Wii (esta es la rehostia, puedes incluso hacer deporte con ella, eso sí, no vayas luego a coger una raqueta de tenis en la vida real y pretender que sabes jugar por ser un crack con la Wii), hay hasta consolas de Fisher Price o Play School, que sustituyen a lo que en mi generación eran triciclos y cajas con cuatro botones que se habían tragado -presuntamente- a los correlativos cuatro animales de granja, que cada cual se lamentaba de estar siendo digerido por la maquinita cuando apretabas el correspondiente botón, emitiendo su sonido característico pero con electrónico tono agónico desde ultratumba.
Los anuncios de supermercados siguen tan cutres como es su costumbre: "se celebra el ahorro" (sí, y para celebrar el ahorro tiramos la casa por la ventana en una absurda fiesta, tienen guasa estos de... mierda anuncio que no me acuerdo ni de quién es... creo que Hipercor), "navidad sí, pero no a cualquier precio" de Día que parece que nos plantan en la pantalla uno de esos panfletos que van dejando por los buzones, "vuelve el plan B, en Eroski", otra canción a borrar del subconsciente para evitar su descontrolado tarareo matutino, etc. Los de Toys'r'us han hecho un anuncio con una madre y sus dos cuervos criados gritando, lo justo para invitar a ir allí a los que tenemos una cierta fobia a esas criaturillas descontroladas y gritonas.
Se salva el anuncio del subidón al pagar con la Euro 6000, que la señora arranca una sonrisa a cualquiera, y supera con creces a los de la competencia que contrata a los deportistas más secos del panorama nacional para promocionarse: Nadal, que cuando habla parece el campeón de paddel de La Moraleja, a Fernando Alonso, con la alegría que le caracteriza, y demás familia. Y uno de los que más miedo da de la Liga nacional de fútbol, el Sergio Ramos,  lo ponen a anunciar bolígrafos solidarios, loable campaña, pero yo a este tío no le veo con un boli en la mano, salvo para firmar contratos millonarios, claro está. A ninguno le comentaron la norma básica de educación que es que no se habla con la boca llena. Xabi Alonso, contratado por Gillette, es también la alegría de la huerta personificada, habla con tal convencimiento que ojalá no sea un día el líder de una secta suicida (los mataría por aburrimiento).
Con estos antecedentes, este año, en vez de burbujas de Freixenet, tendremos pompas de jabón, para lavar nuestros cerebros y borrar toda esta mierda publicitaria. Como todo, tenemos los anuncios que toleramos y nos merecemos.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Los controladores que querían controlarnos

Resulta curioso que en un ambiente de crisis económica generalizada, de congelación de salarios y pensiones, e incluso su disminución para empleados públicos, en unos tiempos en los que las palabras Expediente de Regulación de Empleo, que deben ser algo excepcional en un mercado laboral que funcione correctamente, están en boca de todo el mundo, y robando el sueño a no pocos; resulta que unos señores con sueldos desorbitados, condiciones laborales que ya nos gustarían al resto de los mortales, en el marco de la negociación de su Convenio Colectivo que lleva más de un año vencido, se les ocurre dar un puñetazo encima de la mesa, y plantar cara al Gobierno que pretendía imponer unilateralmente sus horarios -que ya nos podemos imaginar cómo serían-. La cosa es que, ni cortos ni perezosos, han cometido la irresponsabilidad de no acudir a sus puestos de trabajo, colapsando el país en el puente más largo del año. 

Es vergonzoso que para su provecho y chantajear al Gobierno hayan jugado con la vida y tiempo de miles de personas, dejando por los suelos la reputación de este país, y llegando a forzar la declaración del estado de alarma (una de las medidas más extremas que se pueden adoptar dentro de la legalidad democrática para solventar una situación de emergencia, al lado de los estados de excepción y sitio). Se ha colocado un Coronel de la rama del aire de las FF. AA. al frente de cada aeropuerto, en virtud del control militar a que faculta en el estado de alarma la Ley Orgánica 4/1981, y se ha hecho acudir a los rebeldes controladores bajo la amenaza de la aplicación del Código Penal Militar (cuyas penas no son moco de pavo, ni tan irrisorias como las de su primo el Código Penal de 1995). 

Mecanismos de protesta en el marco de la negociación laboral hay muchos, siendo el máximo reconocido el de la huelga por una parte y el cierre patronal por la otra. El caso es que nuestra Constitución de 1978 consagra el derecho de huelga de los trabajadores en su art. 28, pero su regulación es preconstitucional, siguiendo regulada por el Real Decreto Ley 17/1977, y ello pese a que por afectar derechos fundamentales debería regularse por Ley Orgánica. Lo que han hecho los controladores es una salvaje e injustificada huelga encubierta, ilegal a tenor de la regulación vigente,  por no seguir el cauce legal establecido para su convocatoria y ejecución y por vulnerar de manera flagrante el establecimiento de unos servicios mínimos, a lo que obliga la normativa citada. Me pregunto yo, desde mi modestia, si no irá siendo ya hora de regular en esa nueva Ley Orgánica el derecho de huelga, y prever de paso una actuación en caso de huelgas encubiertas como la que nos ocupa, sin tener que acudir al extremo del estado de alarma, previendo sanciones para los trabajadores que no se avengan a la legislación vigente o se extralimiten en el ejercicio de su derecho a la huelga, sin perjuicio de las responsabilidades penales, civiles y administrativas que correspondan. 

Importante es que después de esta machada no se vayan de rositas, porque de ser así, tomarán este método asilvestrado como el habitual para presionar en la negociación laboral, y lo que es peor, mal ejemplo se dará a otros colectivos que, llegado el caso, pueden decidir acudir a estas malas formas, que, a mi modo de ver, por mucho que te asista la razón, una vez que acudes a ellas, la pierdes, además de perder todo el apoyo social y político que pudiera existir con anterioridad (no me voy a meter en camisas de once varas, porque rumores son rumores, pero en este último punto los dos grandes Partidos siguen lanzándose acusaciones, por supuesto sin prueba alguna, ya veremos qué nos cuenta Zapatero cuando comparezca tras los leones del Congreso y rodeado de las hienas que ocupan los escaños). Bien está que se hayan abierto más de cuatrocientos expedientes disciplinarios, que en cualquier empleo mundano acabarían en despido -me viene a la mente la metáfora del ángel caído, de la torre de control, en este caso-, pero pese a ser ello de justicia, a ver luego quién va a hacer despegar y aterrizar a nuestros aviones, porque yo soy muy ducho en hacerlo con los de papel, pero con unos centenares de pasajeros a bordo, como que no acabo de verlo. Supongo que lo arreglarán con suspensiones de empleo y sueldo "por turnos", para no dejar desatendidos nuestros cielos -sin perjuicio de los arcángeles, ángeles y santos- y hacer de la solución otro problema. Eso sí, en el orden penal, que todos los que desobedecieran, sean juzgados y condenados, que un poco de autoridad no le viene mal a este país de la piruleta y la pandereta, y sírvase así al fin de prevención general de la pena. Y en lo tocante a las indemnizaciones por daños y perjuicios, si por mi fuera o fuese, les condenaba por responsabilidad civil y les iba detrayendo de los bienes presentes lo que se pudiera, y de los futuros (jugosas nóminas) hasta el límite a que autoriza la Ley de Enjuiciamiento Civil, para cubrir las indemnizaciones reparatorias. Pero a ver quién tiene gónadas a ponerle el cascabel al gato. Aviso para navegantes y bregadores de las ya inmensas colas del paro, estudien para controlador aéreo, que seguro que os conformáis con semejantes condiciones de trabajo, y sería de recibo que pronto quedaran unas cuantas vacantes a vuestra disposición, y ya quisiera ver a uno de estos 'ángeles caídos' en un trabajo de mortales, donde el que se queja como lo hacen ellos, no sale en la foto a fin de mes. 


viernes, 3 de diciembre de 2010

Las croquetas no se inmutan

Como todos los días entro en el bar a media mañana a tomar la caña de rigor y norma. La parroquia es cada vez menos numerosa, la mayoría han desertado, cambiando los vinos de la mañana por el más económico botellín de Mahou en el cálido, pero solitario, sofá de casa, porque ya no tienen el apremio de los veinte minutos para almorzar reconocidos por convenio colectivo de su ramo de trabajo, que ya no conservan. Veo un plato con doradas croquetas, que ya me imagino crujiendo entre mis dientes, pido mi caña, me la están sirviendo, y me decido a pedir un par de croquetas, pero la tentativa no se consuma, entra un parroquiano, y saluda de malos modos, mirándome de los zapatos a la corbata. No se por qué, pero esa mirada me hace sentirme culpable por un delito que, de seguro, yo no he cometido. El hosco cliente habla: 
- Vaya mañana maja -se dirige en exclusiva a la camarera- ponme un vinito, pero de Ribera nada, que parece que va a haber que ahorrarse hasta las costumbres. 
-¿Y eso?- responde ella, empujada más por la inercia que por el interés- ¿Qué te duele hoy?
- Creo que el culo, porque me lo han puesto bien, me han incluido en uno de esos ERE's de su puta madre y me voy a la empresa más grande de España, el paro. 
- Vaya putada, pero si llevabas ahí veinticinco años o más. 
- Veintiocho, más tres meses que como agradecimiento por los servicios prestados, aún no me han pagado. 
- Cojones tiene, y ahora ¿qué vas a hacer? 
- Cobraré la indemnización y me pondré a hacer cuentas. Pero con el jodido Zapatero este, me las veo crudas, les da vía libre para mandarnos a casa cobrando menos, nos sube de paso los impuestos, y lo que son alternativas no da ninguna, que yo sepa. 
El hombre hosco le hecha la culpa de lo que pasa a Zapatero, Zapatero a los mercados internacionales, pero estos no tienen cara ni culo, por mucho que den por él, y contra quien no tiene ni lo uno, ni lo otro, no valen bofetadas ni patadas, sólo frustración. 
Las croquetas siguen en su plato, sin inmutarse ni cambiarles el color, más frías si cabe, indiferentes al drama de un currante que, por edad, probablemente nunca vuelva a serlo. No se por qué, pero ahora me parece una ofensa pedir dos croquetas ¡que derroche!, no sea que mañana me las vea como el hombre hosco y tenga que incluirlas en los gastos a detraer de la indemnización de mi despido. No es mi situación, ni creo que lo sea, pero sí la de cientos de personas que tengo cerca (sí, he dicho cientos), y de miles que me quedan más lejos. Ya no quiero las croquetas, estarán frías, y dada la situación, seguro que vacías, porque la bechamel se cotiza al alza en el mercado global de futuros y opciones sobre el relleno de croquetas caseras, cuyo parqué no se halla pulido como el de las grandes Bolsas, sino cubierto de colillas, servilletas y palillos, pero que es igual de implacable que el de aquellos templos de la especulación. 

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Cabronadas al carbón

Duele escribir sobre un tema que toca tan de cerca a uno, a su familia y a su tierra. La minería del carbón, a la que están condenando a la extinción. Se consiguió, no sin la consiguiente movilización de los trabajadores, una autorización de la Comisión Europea para la concesión de compensaciones hasta 2014 y el consiguiente Real Decreto que subvenciona el carbón autóctono para que las eléctricas sigan primando su consumo en las térmicas nacionales frente al carbón importado de Sudáfrica y Rusia -con la globalización hemos topado-, que les saldría más barato si no fuera por esta corrección introducida en el precio del carbón autóctono subvencionado, pese a los costes del flete (nos podemos imaginar los salarios de los mineros de allí y la calidad -o más bien falta de ella- de las instalaciones, determinantes para las condiciones de trabajo y la seguridad laboral).  Las eléctricas han presentado el correspondiente recurso contencioso administrativo contra el Real Decreto, en la Audiencia Nacional, y Tribunal Supremo (en resolución de recurso frente al acuerdo de la Audiencia Nacional) y ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea de Luxemburgo. A raíz de la impugnación del reglamento, el último de los órganos jurisdiccionales nombrados (y por lo que tengo leído también los nacionales lo acordaron y ratificaron respectivamente) ha acordado, a petición de la parte actora, la paralización de la aplicación del Real Decreto como medida cautelarísima. Una medida cautelar no se toma a la ligera, pese a que de esta opinión parece ser -interesadamente- la prensa local, las eléctricas han alegado que se vulnera el libre mercado, incrementa los costes de tarifa energética y les impide cumplir los objetivos ambientales fijados. En general y sin entrar en consideraciones doctrinales, se exige para adoptar medidas cautelares, primero: lo que denominamos el fumum boni iuris o apariencia de buen derecho, es decir que, a primera vista, lo alegado por quien pide medidas cautelares sea una pretensión legítima, es más, que exista la probabilidad de que el resultado del proceso sea favorable al actor, sin entrar a prejuzgar sobre el fondo del asunto; en segundo lugar se exige que concurra el periculum in mora, o riesgo de que durante el tiempo que transcurra hasta la decisión definitiva se pueda frustrar la efectividad del fallo. También se exige la prestación de caución suficiente por la parte actora, que pueda atender a los daños y perjuicios ocasionados por la adopción de la medida, si finalmente se deriva del proceso la no atención de las pretensiones de esa parte. En este caso estamos hablando de un daño emergente que genera la propia medida además de un lucro cesante considerable al mantenerse ésta en el tiempo (impago de salarios de empleados, cierres patronales, ERE's etc. de las empresas mineras, directamente afectadas por la medida). Con la caución se supone que se garantiza la posición inicial de quien soporta la medida para el caso de que no sea atendida la pretensión del actor Y en la jurisprudencia europea se tiene también en cuenta la ponderación de bienes jurídicos en conflicto. Habiendo adoptado la medida la Audiencia Nacional, ratificada por el Tribunal Supremo y confirmada la paralización por el TJUE, me cuesta hablar de arbitrariedad y falta de prudencia a la hora de acordarla, como se desprende de ciertos artículos de prensa que he leído. Puede que nos joda más o menos, pero están en su derecho.

Las eléctricas como cualquier otra empresa en un libre mercado, lo que buscan es maximizar el beneficio reduciendo al máximo sus costes, y ésta es la vía que han visto más expedita para ello, pese a la grave externalidad social  negativa que supone, que duda cabe, para las comarcas mineras. Que nadie se lleve a engaño que por pedirlo por favor las eléctricas no van a quemar carbón nacional, lo harán en tanto en cuanto la corrección al precio que deriva de la subvención como poco iguale al coste de importarlo. Ha dicho el Ministerio de Industria que las eléctricas se han comprometido a dar un adelanto con cargo al carbón a consumir, pero al no estar obligadas a ello, yo si no lo veo no lo creo, y es más, me gustaría ver si llega a su destino de cubrir salarios y no se queda por el camino, que en las cuentas de pérdidas y ganancias hay cuentas muy golosas antes de la de gastos de personal.

Una salida estupenda de la que sólo parecen darse cuenta ahora, que ya hay en marcha ERE's en varias empresas de la Provincia (algunos adoptados como cierres patronales encubiertos, dado que se llevaron a cabo antes de la preceptiva autorización administrativa), y más que se están barajando en un sector que, no se equivoquen, ya no tiene la fuerza de convocatoria que tenía cuando contaba con más de 20.000 trabajadores en activo, pese a que los 5.000 que le quedan conservan las ganas y el tesón de aquellos de manera muy loable, una salida era la del desarrollo de la tecnología para la captura de emisiones de CO2, creando de manera real y efectiva centrales térmicas que no emitan a la atmósfera ese contaminante y, por ello, no tuvieran que acudir las empresas eléctricas propietarias de la CT a demandar licencias de contaminación al mercado de licencias de emisión, con el abaratamiento de costes que ello supondría, en tal medida que incluso les saliese rentable el carbón autóctono frente al importado + licencias (porque claro está, después de una enorme inversión en esa tecnología de secuestro de CO2 lo que no podría consentirse es que se use para ahorrar costes en licencias de emisión y a su vez quemando carbón más barato que el nacional, aunque el argumento es válido en un mercado libre y sin regular, creo que en este punto habría de ponérsele coto). Si los gestores y responsables de las ayudas al carbón, las empresas mineras y los sindicatos hubieran centrado sus esfuerzos en promover esta tecnología, y menos en polígonos industriales imposibles, e iniciativas con nula generación de empleo más allá de su puesta en práctica, quizá otro gallo nos cantaba ahora. Pero en este país, como siempre, no vemos venir al lobo hasta que nos está mordiendo las piernas. Parece ser que el Ciuden llega tarde.

Pase lo que pase con la resolución sobre el Real Decreto, estamos ante parches poco más que quinquenales que van salvando los muebles mientras el agua sigue comiéndose los cimientos. Pan para hoy y hambre para mañana. Las comarcas mineras necesitan una reestructuración radical y ésta viene siendo urgente desde los noventa, pero no se ha invertido ni un solo euro con decisión en ella. Pequeños proyectos por aquí y por allá, pero nada que salve éstas zonas, reindustrializándolas o reactivándolas económicamente para el día, que nadie dude que llegará, en el que el carbón ya no de más de sí (y démonos cuenta de que si excluimos las subvenciones, ese día ya hace mucho que llegó).

He llegado a ver artículos en prensa en los que se propone nacionalizar las térmicas o las empresas eléctricas. Cierto es que las empresas de distribución de servicios basados en recursos naturales, son monopolios naturales, una vez extendida la red de distribución, los costes variables tienden a cero y se teoriza que un monopolio es posible y adecuado para esa distribución, y quién mejor para gestionar un monopolio natural que el Estado a través de precios públicos y regulados o de una concesión administrativa. Pues no, desde el momento en que ese monopolio natural se desvirtúa por el carácter global del mercado y los recursos, por la injerencia del mercado de licencias de emisión, por la entrada de multinacionales de otros Estados, vemos como existe un mercado más o menos reducido, en el que casi se podría hablar de oligopolio, aunque no hay de momento colusión (el tema de ponerse de acuerdo lo solucionan lanzándose grandes OPA's), en el que unas pocas empresas de gran poder compiten por cuotas de mercado ingentes, intentando reducir lo más posible el precio a la vez que maximizan los beneficios (lo cual perjudica al carbón en el mix energético, porque dada su relevancia para los costes indirectos del mercado de emisiones, se convierte en muy caro en comparación con las energías limpias o la energía nuclear). Esto del mercado libre se supone que beneficia a los usuarios de la electricidad (y no conozco a persona física o jurídica española que no lo sea), que pueden acceder a unas mejores tarifas por existir competencia en el mercado. También es verdad que con la última normativa al respecto de la tarifa social (o de último recurso) y por otro lado del mercado libre, o con permitirse que facturen por estimación períodos determinados, esto es un "sin dios", claro que esto ya es otro tema.  Si nacionalizan las eléctricas o simplemente los hornos de las centrales térmicas (termogeneradoras), dando un precio público -imagino que es la intención- a la tarifa de la luz, y obligándolas a consumir carbón autóctono, el desfase entre costes del sistema y beneficios (inevitablemente negativos) iba a repercutirse directamente en los bolsillos de todos y cada uno de los contribuyentes, y por mucho que nos duela a los oriundos de cuencas mineras, la mayoría de los españoles de a pie pueden no estar dispuestos a arrimar el hombro por un sector que no es rentable (y menos si a ellos les ha afectado alguno de los centenares de ERE's y despidos que sin más miramientos se están dando en estos días). Además pocas empresas conozco que sean menos eficientes que las gestionadas por el Estado, y con el déficit que tiene hoy España, y Bruselas dándonos toques para no acabar como Grecia o Irlanda, no se entendería por nadie en su sano juicio la decisión de engrosar ese déficit con el peso de un sector productivo con resultados negativos y paralizada la producción e ingresos (en tanto en cuanto el propio Estado no inyectara dinero). Que se propongan soluciones, y urgentemente, pero no locuras o salidas que empeoren a nivel sectorial, o lo que es peor global, el estado del asunto, que esto de la nacionalización suena más bien a bravata bolchevique de cuatro sindicalistas con añoro de los planes quinquenales de la URSS (modelo de eficiencia y efectividad económica allá donde los haya, guiño, guiño). De nacionalizar la minería ya ni hablamos, a HUNOSA me remito.

Tenemos un futuro muy negro en las cuencas, pero más luz le daríamos si el dinero se destinase a inversiones que realmente vayan a generar empleo, y han de ser tan bien orientadas que el día de mañana si nos obligasen a cerrar nuestras minas pudiéramos decir, que nadie se preocupe, la comarca tiene puestos de trabajo e ideas para absorber todo este desempleo coyuntural. Mucho me temo que no va a ser así (nos gastamos más de 700.000 euros en una guardería, cuando si esto va a pique no va a haber niños que escolarizar, y no los destinamos a proyectos de industrialización o fomento de la inversión productiva en la zona). Yo le debo al carbón mucho, incluso los fondos MINER colaboraron en mi educación, pero he tenido que ser otro que, como tantos con estudios superiores no encuentra acomodo en la zona (en la que no hay empleo visible para titulados) y me he tenido que ir fuera a buscar empleo, y como yo, conozco a cientos. Se quedan precisamente los que peor lo tendrán para obtener empleo si esto cierra, han centrado su vida en la maestría de un oficio y es lo que saben hacer, sin necesidad de mayores titulaciones, ni estudios, ni experiencias por aquí y por allá. Y por y para ellos, que son los que siguen tirando de la economía de la zona, es por los que deberían hacer los gestores de dinero público y de las ayudas europeas, que ellos se han ganado a pulso y en la calle, un esfuerzo de responsabilidad y de ideas, para darle una salida a su futuro, que es ya el pasado de alguno de nosotros, pero no queremos que pase a ser también el de ellos.

No al fin de las cuencas mineras.

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