jueves, 30 de diciembre de 2010

Pan y circo


Telecinco, la "Montaña de Basura" de la televisión, y no me estoy refiriendo a la de los Fraggle Rock, que era poseedora de toda sabiduría, exactamente lo contrario que la cadena amiga, ha engullido en su pestilente parrilla televisiva a uno de los pocos canales por los que tener la nueva TDT merecía la pena, CNN+. Y no sólo se conforman con eliminar un canal informativo, sino que lo sustituyen por la mayor de las basuras televisivas que pueden hacer tragar a una persona -aunque a mi no me pillan a no ser que me aten hasta las pestañas, como en la Naranja Mecánica de Kubrick-, un canal que según se rumorea va a estar las 24 horas del día dedicado al programa Gran Hermano, ahí es nada, lo interesante que debe de ser seguir durante todo el día la vida privada hecha pública de un grupo de descerebrados encerrados en una casa. Y yo pensando que nadie seguía ya ese tipo de programas. Debo de estar equivocado, porque de lo contrario esta apuesta de Gestevisión sería la mayor estupidez comercial jamás hilvanada, más absurdo que vender una nevera a un esquimal. Y equivocado estaré cuando al buque insignia de la cadena, la choni poligonera Belén Esteban es intitulada sin rubor como la Princesa del Pueblo, dándole una representatividad que, de ser cierta, y yo comprobarlo, me abocará a una irremediable emigración. En el mismo nivel de la Esteban, tenemos al florido Jorge Javier Vázquez evolución a la loca y enfocado al sector de la prensa rosa del Jesús de su mismo apellido, conduciendo un programa a cuyo título -"Sálvame"- deberían de hacer caso los televidentes cambiando de canal, o con el gesto más sano de apagar el televisor (y no hablo sólo de la sanidad ocular, me preocupa más la mental). Qué decir de las amenizadas mañanas con "Mujeres, Hombres y Viceversa", que sin ser un título de película pornográfica-orgiástica, parece ser a lo que aspira, porque no me digan a mi que jovencitas y jovencitos de cincelados cuerpos serranos tienen que ir a buscar novio/a o ambos a la vez, a un programa de televisión. Eso sí, si te montas sobre el primero/a que te guste del bar de la esquina, lo mismo tu fama no llega mucho más allá de las fronteras del barrio. Comprensible, pues, el montaje que se traen entre manos para dar carrera en el mundo de la farándula a todos esos jovenzuelos poco aprovechables en cualquier otro ámbito del mundo laboral que requiera el uso del cerebro. Todo sea por fomentar el empleo. 
Hasta los informativos están contaminados de este espíritu frívolo y amarillista, donde lo único aprovechable, si te tapas las orejas, es la visión de los cristalinos ojos de la Carbonero, que lo mismo sigue campando por esos lares por ser pareja del año con el guardameta de la Selección. Y hablando de la Selección, esto me recuerda a J. J. Santos, uno de los más lamentables narradores de eventos deportivos, al que le compraron en la cadena amiga, para estar a sus anchas castigando nuestros oídos y consiguientes receptores cerebrales, nada más y nada menos que el Mundial, recordado por la épica victoria de La Roja, pero al que la Historia Deportiva debería dedicar un par de líneas a la lamentable cobertura y retransmisión de los partidos. Siempre nos quedará el beso robado a la Carbonero. 
Y por si todo lo anterior fuera poco, aún nos queda el Programa de Ana Rosa, AR, la creativa, la reina de las mañanas eclipsada por la princesa del pueblo, y que por tener tan difuminada su actividad empresarial (escritora, presentadora, editora de revista, productora, y un largo etc.) debió olvidar en algún momento -el de su alumbramiento al mundo, me temo- la manera de hacer buena televisión y periodismo de rigor. 
Entrar en la web de la cadena -no se preocupen, que luego me confieso y me pondré de penitencia una lectura sesuda para la noche- hace que veamos lo imperceptible que es la diferencia del contenido de esta cadena con el de cualquier revista sensacionalista. 
Lamentable de todo punto, pero gobernada por Il Cavaliere, y parida y crecida de la mano de las Mama Chicho, "Crónicas Marcianas" (salvable programa en algunas de sus secciones, a parte del streeptease, claro), el tomate, y un largo etcétera, el resultado es la televisión que tenemos,  y que tras engordar por sus crecientes ingresos publicitarios -agradezcamos también en este punto la sabia política gubernamental de suprimir la publicidad en la televisión pública, acrecentando el pastel de las privadas por este concepto- y salida al parqué del Ibex 35, se ha permitido el lanzarse a comprar Cuatro (despidanse de grandes series como House), suprimir la CNN+, como primera medida tras su conquista, y comenzar una preocupante expansión por la parrilla de la TDT, anexionándose canales vorazmente y con un único criterio, llenarlos de morbo y telebasura. 
Pan y circo, damas y caballeros. De surtirnos de pan se encargan las omnipresentes panaderías, supermercados y furgonetas de reparto. Del circo ya se encarga de repartirlo el emporio audiovisual de Telecinco. 

Es la televisión que tenemos y consentimos, será, pues, la que nos merecemos, y Telecinco tiene fácil y pertinente rima. 

viernes, 24 de diciembre de 2010

Pon mis dos bolas en tu árbol

El Portal de Belén, en nuestra navidad desnatada y a medida
de una sociedad agilipollada. 
Ya estamos inmersos de lleno en la navidad. De hecho hoy es Nochebuena y mañana será navidad, saca la bota María (madre de dios, que como es un título, ahora según la RAE lo puedo poner con minúsculas) que me debería emborrachar. Ello me anestesiaría de esta Navidad llena de adornos y envoltorios, pero vacía de contenido, a salvo la hipocresía. 
Los únicos que se toman en serio esta fiesta son dos colectivos. El primero y más conocido el de los grandes centros comerciales, ellos tocan la música y nuestras tarjetas de crédito bailan al compás, con algún que otro pisotón a la respectiva nómina, y con el resacón de la cuesta de Enero. El segundo son las señoras de rulos y bata por semana y emperifollamiento dominical, que válgame dios -vuelvo a ponerlo con minúscula, satisfacciones que nos da la RAE-, no se pierden una Misa de Gallo ni con aquello de la gripe aviar. 
Te inundan de correos electrónicos más o menos ñoños u originales, de felicitaciones virtuales por redes sociales, de SMS de copia y pega, etc., etc., pero pocos son ya los que mandan una postal "de carne y hueso", de celulosa, vaya. Por lo menos es el detalle de molestarse en elegir el continente, comprarlo, escribir el contenido, pagarse un sobre y un sello, y enviarlo por correo ordinario. Eso es una felicitación en toda regla, en la ortodoxia del espíritu navideño, cojones. Pero, como dije, la tarjeta de felicitación se ha sustituido por la de crédito, y el nivel de afecto se mide por el valor del regalo intercambiado. 
Los árboles de navidad antes se cortaban en el pinar más cercano a la plaza, ahora con los ecologistas haciendo cosquillas en nuestras gónadas con palitos de incienso y pachuli, son de plástico más inflamable que la conífera a la que sustituyen, y todo el mundo sabe que sólo hay algo más inestable que la nitroglicerina en lo que a protagonista de la energía de activación de una combustión exotérmica se refiere: las lucecitas de árbol de navidad. El menda ya lleva en su corta -vale, sí, no tan corta- vida, dos descargas eléctricas por cuenta de las bombillitas de Papa Noel, Santa Clause -nunca sé si es Close o Clause, es que lo confundo con Jean Claude/Clode Van Damme-, San Nicolás o la Puta que lo Parió (que como no es un título, seguro que a la RAE no le importa que la magnifique con las mayúsculas). 
Y esta es otra, ¿qué se nos ha perdido por estos lares, a parte de aceite a algunos y tornillos a otros, para que loemos a Papa Noel?. Que aquí de toda la vida de Dios -o dios, no olvido a la RAE- hemos sido de los Reyes Magos, que eran tres, uno negro, supongo que por lo de la alianza de civilizaciones, y que eran reflejo de lo que es el balance de regalos de cualquier español de a pié: por cada dos regalos de mierda (incienso y mirra), uno bueno -lease sobre con dinero- (oro). Por lo visto el Papa Noel nuestro es una adaptación anglosajona de la vida y milagros de un tal San Nicolás, que moraba por tierras turcas o alrededores, tiempo ha, y que ellos mandaron a la más fría Laponia, porque si no, no cuadraba lo de la nieve, que queda de lo más bonito en los adornos navideños. Más cojones tienen los que la ponen en un Belén ¿es que no hay un solo meteorólogo que se cabree y ponga el grito en el cielo ante la visión de una reproducción de Belén de Judea con nieve? Lo próximo será abrir una estación de esquí en la ladera del castillo de Herodes. 
Pero bueno, así todo, cómo no iba a degenerar una fiesta en la que, hasta su fecha fue inventada interesadamente por la Iglesia Católica para solapar la fiesta del solsticio de invierno celebrada desde tiempos inmemoriales por otras creencias paganas previas. Los especialistas en fechas de nacimiento de Mesías dicen que debió ser allá por septiembre, cerca de la fiesta de los Tabernáculos, época en la que, como narra la Biblia se llenaban las posadas, los pastores podían velar los rebaños a la intemperie, y los romanos hacer un censo en condiciones. 
Concluyo volviendo a la decoración del árbol.  Antes se le ponían decenas de adornos variopintos, que se habían juntado a lo largo de los años, y que no había dos iguales, luces de colores y papel de plata para el caldero que lo sujetaba. Qué bien olía a pino el salón. Ahora se compran cintas de tela adornadas que le circundan, un kit de diez o doce bolas compradas en los chinos (no confundir con bolas chinas, ni con chonis en bolas), todas iguales, y una tira de luces blancas parpadeantes en distinta secuencia. Una mierda artificial y sin ningún valor emotivo, sea. Para darle una nota de variedad, y como la navidad -esta navidad- ya me está tocando las pelotas, las dono para tu árbol de navidad. 

Que paséis unos felices días, bebed con moderación, pero bebed, disfrutad de la familia y los amigos -que son lo más importante, y lo que, en verdad hay que celebrar en estas fechas- y que el año que viene vosotros podáis leer, y yo escribir, mis quejas sobre la navidad del 2011. Y, cómo no, acordarse de los que no están. 

martes, 21 de diciembre de 2010

Animal a Bordo

Uno se pasa muchas horas a la semana en la carretera, por obligaciones laborales la gran mayoría, y por gusto un porcentaje muy reducido de las mismas. Dichas obligaciones laborales lo mismo me tienen recorriendo carreteras de tercera, cuando no caminos de cabras de ruta por los alrededores de mi centro de trabajo, y en otras ocasiones me hacen internarme en grandes ciudades como Madrid, o en menos imponentes, pero muy concurridas, en lo que al tráfico rodado se refiere, como Valladolid. 
El caso es que imbéciles al volante te los encuentras por doquier, y vayas donde vayas (ponte bragas). Hay costumbres de terceros conductores (y contra ellos por algo tengo el seguro, que cualquier día se me cruza el cable), que me sacan de mis casillas, una es la extendida costumbre de utilizar las luces de posición en situaciones en las que el Código de Circulación te obliga a usar las de cruce. Las luces de posición sólo tienen una función -totalmente en desuso- que su propio nombre indica. El que el vehículo se encuentre en movimiento, excluye de por sí su uso. Por algo alumbran menos que un cirio de dos semanas en la Parroquia de turno, ite, misa est. Pues eso, que no se ven lo suficiente como para hacer la conducción segura, con el coche circulando en condiciones de falta de visibilidad, sea entre el ocaso y la salida del sol (¿ves el Sol por alguna parte? No. Pues pon las luces -de cruce, se entiende- gilipollas). Te contestan con el que "si todavía se ve de sobra", "ese que acaba de pasar no las lleva", etc. Atrevida es la ignorancia, de las normas, y de la gravedad de las consecuencias de no atenerse a algunas de ellas. Y la ignorancia de la Ley no exime de su cumplimiento, lo que me lleva a la conclusión de que deberían enchufarse más multas por esto, y menos por gilipolleces varias. 
Otra mala costumbre que me hierve la sangre, no menos extendida -incluso por ciertos lugares, es pandémica- es la de no utilizar las intermitentes nunca, salvo en el caso extremo de que con su uso equivocado podamos provocar un accidente absurdo. Una de dos, o están todos -junto con los usuarios generalizados de las luces de posición- por ahorrar energía de cara al cambio climático, o la imbecilidad cotiza al alza por nuestras carreteras. 
Otra costumbre menos relacionada directamente con la seguridad vial, es la de pegar pegatinas de flores en la trasera del coche. Pero lo indirecto de esa relación comienza a tambalearse desde que le tengo oída una teoría a una amiga "cuidado con todos los que llevan esas margaritas pegadas en el coche, tengo comprobado que son un peligro al volante". Carajo, me dije ¿qué tendrá que ver el tocino de fabada con la velocidad?, pero resulta que tras el preceptivo período de observación, prueba y error (con más errores casi que pruebas), me cercioro de que la teoría era cierta. 
Luego están los que se han bajado por internet la música más sórdida del mercado -e incluso, por mala, música extracomercio- y sabe Dios por qué razón han llegado al convencimiento de que a todo el resto de usuarios de la vía pública le han entrado unas apremiantes ganas de escucharla, y, en un arranque de solidaridad desinteresada, bajan las ventanillas, con independencia de la temperatura exterior, y regalan decibelios en fuego graneado y a discreción. Suelen coincidir los perpetradores de esta difusión musical con aquellos sujetos que se gastan un 75 % de la nómina en maquear sus coches/naves espaciales. El otro 25 % he deducido que va para la droga que les hace ver que tiene sentido la soberana estupidez de maltratar un coche diseñado por ingenieros, especialistas de diseño y acorde a la estética del momento, consiguiendo que sea tan irreconocible como posible el que pasen una ITV con él en esas condiciones. Cuando el dinero es de papá, y no de la propia nómina, ya no hace falta la droga, la estupidez viene de serie y es heredada. 
Por último, pero no como final de estas subespecies de conductores suicidas-homicidas (que prometo ampliar en un futuro), cabe mencionar al dominguero, ese ser que una vez cada semana, como mucho, coge el coche, y sale a la carretera a la aventura, y tal es la aventura que no sabe por dónde va, circulando a la velocidad constante de 70 km/h (redúzcase proporcionalmente si el sujeto supera los 60 años, pese a conducir Mercedes, Audis, BMW's, etc.), vayan por autopista, por pueblo, o por donde el ocio les lleve. Eso sí, tras estorbarte un rato, y cuando los vas a adelantar, les sale el rockero rebelde que llevan dentro, y te prueban que lo de cero a cien en seis segundos, no es broma, y claro, poco puede tu utilitario frente a eso, a no ser que el transformer vuelva al modo dominguero, y le pilles desprevenido (no es muy complicado, jamás miran por el retrovisor). Tienen estos, además, una costumbre de lo más insoportable, la de pegarse a la matrícula trasera de los camiones, sin intención alguna de adelantar, por supuesto. 
Uno no es, ni será nunca Fernando Alonso, y todos infringimos normas y nos vemos sometidos a los peligros inherentes a la carretera, pero lo que no puede consentirse alegremente es que esos peligros los cree la estupidez y la desidia. 

En diez minutos cojo el coche, seguro que el viajecito me daría para otro artículo entero. 

sábado, 18 de diciembre de 2010

El albañil del condado

Todas las armas las carga el diablo. Algunas, además 
las maneja un loco, y ese es mal coctail.
Ha pasado esta semana en Olot, un tipo que llevaba toda la vida trabajando de albañil para la misma empresa, se entera de que va a ser despedido. Por lo visto, intenta cobrar el cheque indemnizatorio y no se lo pueden pagar porque el talón se ha girado contra una cuenta sin fondos. Además mantiene en la CAM de la localidad una deuda de más de 5.000 € por una tarjeta de crédito que le habían concedido. Hasta aquí una historia que, por desgracia, últimamente -o más bien, desde hace un tiempo- es de lo más común a lo largo y ancho de toda la geografía nacional. El problema ha venido con la reacción del personaje, ante el panorama que se le venía encima. 

Al tipo, según leo hoy en el ABC, en Olot sus conocidos le llamaban "Rambo", por su costumbre de ir ataviado con ropa militar, y por su gran afición a las armas de fuego. El tipo prefiere que lo tilden de "Sheriff del condado",  y cuentan los cotillas oficiales del lugar que a veces se paseaba por los carrers de Olot con arma al cinto y placa de pega, supongo que de esas que regalaban con los cereales años ha, o de las que venían entre los accesorios de rigor en los kits de juguetes de policía de venta en rastrillos y estancos con solera. En resumen, el tipo era lo que de toda la vida de Dios venimos llamando un gilipollas, y que de un tiempo a esta parte, lo que vienen denominando un friki. En todos los sitios se cuecen habas, y en todos los pueblos hay algún sujeto de este calado, que se viste por las mañanas por lo militar, que le gusta pasear armas más allá de lo estrictamente necesario para la atención de hobbies o aficiones, como la caza o el tiro al plato, y que se ha tragado más películas del oeste y bélicas que telediarios. Todo el mundo suele reír la situación, por lo cómica, pero viendo lo que sucede con uno de estos sujetos sumido en una situación de estrés, cabría plantearse su internamiento de oficio en instituciones psiquiátricas, y hacer lo propio con quien les concedió el placet para una licencia de armas. 

El caso es que el tipo, una vez enterado de  su despido, y tras intentar cobrar infructuosamente la indemnización correspondiente, ahogado en problemas económicos -supongo que no más que un alto porcentaje de la población que ha venido engrosando recientemente las colas del paro- se le cruzan la fase y el neutro, y acude cortocircuitado y escopeta en ristre a un bar del pueblo, donde desayunan tranquilamente un padre y un hijo, los dueños de la constructora para la que trabaja, ajenos a lo que se les viene encima, que son las postas de unos cuantos cartuchos de escopeta. No conforme con haber dado el pasaporte a sus jefes, mientras las fuerzas de seguridad -ya avisadas del hecho- acordonan la localidad para que el zumbado este no pueda poner pies en polvorosa, el tipo pone rumbo al centro de la ciudad, entra en una sucursal de la CAM, y le descerraja sendos tiros al subdirector y a una empleada, acabando con sus vidas. 
El móvil para matar a su jefe, no se comparte pero podría llegar a comprenderse, al hijo lo mató, según dice, porque se lo encontró, ahora que el que le haya movido a acabar con los dos empleados de la entidad bancaria, que no son menos obreros que él por trabajar con la cabeza en vez de con las manos... no acabo de comprenderlo, te gastas alegremente cinco mil quinientos Euros de una tarjeta que te han concedido, y luego, cuando vienen mal dadas y no vas a poder atender la cuota mensual de 180 € para devolver la deuda, decides acabar con la vida de los empleados... incomprensible. Ni matar a sus jefes, ni a dos empleados de una entidad bancaria iba a solucionar sus problemas económicos, ni mucho menos, lo único que consigue es terminar de hundir su vida, si es que a pasear su gilipollez por las tabernasv locales se le puede llamar vida. 

La locura del ladrillo ya ha degenerado en las "locuras" de los que ponían los ladrillos. Esperemos que escenas como ésta no se generalicen, pero me temo que tendré la ocasión de comentar más, siempre y cuando no me toque de actor secundario en ellas. Toco madera. Y he puesto locuras entre comillas porque espero, por bien del fin de prevención general de la pena, que el tipo no se vaya de rositas alegando trastorno mental, que ya habla de delirios, porque culpabilidad parece tener, prima facie, a tenor de sus declaraciones a la Policía, comprendiendo la maldad del hecho y habiendo actuado a sabiendas de lo que hacía. 


lunes, 13 de diciembre de 2010

Mono

Se me ha acabado el paquete de tabaco, acudo raudo y veloz a la bolsa alargada que contiene mi cartón de Camel de abastecimiento logístico, meto la mano y no localizo el prisma buscado, estrujo la bolsa con rabia contenida, nada, ahí dentro no quedan ni los restos.
Tras un par de fines de semana y un puente de consumo desmesurado de tabaco, me dije, como tantas otras veces: "cuando acabe el cartón, me compro unos parches, o chicles de esos que parece que has lamido un cenicero lleno, y lo dejo", pero como acustumbro a hacer conmigo y con los demás -sabrán perdonarme-, oigo pero no escucho. Sé que dentro de un rato me cambiaré de ropa y saldré a la calle de propio intento para comprarme un paquete, que a estas horas ya va  a ser de máquina, 4,10 €, toma hostia majo, ha vuelto Paco con las rebajas (léase subida abusiva de impuestos). Paco es el asesor de turno, de los que abundan en la Moncloa, para asuntos tales como sacudirme el escroto y bailarme las pelotas hasta causarme una profunda, pero sana, molestia.
Sé que me conviene dejar de fumar, ya estuve tres años en el dique seco, sin tocar un cigarro por culpa de una fea bronquitis, que de vez en cuando colea. Podía ser este un buen momento, en que estoy más o menos tranquilo, personal y profesionalmente. Pero no, es que ahora la abanderada es Leire Pajín, y odio a Leire Pajín, no de la manera del irrespetuoso Alcalde de Valladolid, el Sr. -¿he dicho señor?, es la costumbre, lo retiro- de la Riva (lo de León no se lo otorgo, sería un insulto a mi tierra), yo nunca me la imaginaría en ninguna situación mínimamente lasciva, y menos como Antonio Burgos, que la hacía en pornografía directamente, así a bocajarro, sin medias risas picaronas como las del regidor pucelano. Pero es que me sale de dentro, no lo puedo evitar. Méritos para ser blanco de mis desprecios, dejando siempre al margen su aspecto físico,  la musicalidad de su voz, y sus atuendos tribales, no me entra en la cabeza que alguien cuyo único mérito académico sea haberse licenciado en sociología allá por los cálidos Alicantes, en el verano del 98, al margen de cargos y carguchos que haya ostentado en la Universidad por pertenecer a la casta de los intocables, la casta política (y en el hinduismo esa de los intocables es la casta de los parias o dalists, como es de justicia en gente de mayor y menos interesado criterio que los pobladores de claustros universitarios), me veo con mucho mejor expediente y títulos académicos que ella, pero hete aquí que yo no soy hijo de políticos, no soy un trepa, me quedan -pocos, aunque suficientes para la diferenciación- escrúpulos, ergo, yo no soy Ministro de Sanidad, y por vergüenza a meterme a templador de gaitas siendo, como todos sabéis que soy, pianista de cámara -porque me dirán qué tiene que ver la sociología con la medicina, y no me valen disquisiciones doctrinales interdepartamentales de universidad a la boloñesa-, jamás se me ocurriría aceptar tal honor. El prisma que buscaba en la bolsa del cartón de tabaco tiene un volumen, que es su base por su altura, Leire, alma cándida, ni base académica, ni altura política, calcúlenme, por favor, el volumen de importancia que debería de tener, pues, en mi vida. Pues aunque el producto de la nada sea la nada, la señorita se las ha ingeniado para meterse hasta en mis más arraigadas costumbres, díganme si no ha adquirido un volumen de importancia relevante en mi vida, debe ser física cuántica, porque no lo entiendo. No se empiecen a pajear los amiguetes afines al PP que me siguen -y soportan- que si a alguien en activo del panorama político odio más que a Leire Pajín, es a Soraya Sáenz de ¡Santamaría!, "que Pinta pija tiene La Niña" parafraseando un viejo chiste colombino. Prometo vomitarle unas líneas, palabra. 
Que la señora Pajín sea la abanderada de prohibir que fumemos, allá sea en el interior de una bombona de butano, en una atmósfera ATEX, o en el bar de la esquina, me parece razón más que suficiente para mantener el hábito. Porque si ella quiere pulmones limpios, lo que aquí se encontrará son unos cojones roncantes -y seguramente achatados por los polos, que paso mucho tiempo sentado-, y si le preocupa que no respiren, sóplemelos, please, que es maniobra básica de una RCP -sustitúyase cardio-pulmonar por de cojón partío-. Tanto 'prohibido prohibir' en el 68, y ahora prohíben de todo menos lo que nos sería más saludable mentalmente hablando, que gente como ellos haga el conato de pensar, y encima piense que piensan por nosotros, valga la rebuznancia. Yo tengo mono de tabaco, pero está claro que los políticos que nos ha tocado sufrir tienen una relación mucho más directa con el mono, si me preguntaran por el eslabón perdido, Darwin mediante, diría que son ellos.

Me voy a por tabaco.

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